Centro de Resiliencia de Aranjuez

Análisis y recursos eco-sociales de adaptación para la transición del siglo XXI

YPF: duelos y quebrantos


Apreciados lectores,

“Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados,…”

Don Quijote de la Mancha, Cap. I, Libro I

Portada Libro: Hebe de Bonafini

Uno de los platos tradicionales de la cocina manchega son los duelos y quebrantos, cuyos ingredientes son el huevo revuelto, chorizo y tocino de cerdo entreverado, que se prepara con un buen chorrito de aceite de oliva y cuyo aporte calórico es muy elevado. Una de las leyendas tradicionales que da nombre a este plato dice que cuando los labradores perdían a un animal de labor, como una vaca, un caballo, un burro o un asno, aprovechaban la carne preparando un guiso con ella, durante el cocinado el estado anímico del labrador se expresaba con “duelo y quebranto”, dando origen al nombre del plato.

Esta suculenta comida tiene ingredientes similares a los que se elaboran en la “alta cocina internacional” como es el caso de la crisis abierta en Argentina con Repsol YPF, donde el fallecimiento de una “vaca”, y el consiguiente guisado de la “carne”, junto a “chorizos” y “revuelto por huevos”, pretende alimentar no solamente al “labrador propietario”, sino a otros “comensales”. Al igual que el plato tradicional, el guiso internacional genera ya, “duelos y quebrantos”.

Adjuntamos 3 post, de otros tantos autores, Antonio Turiel editor de The Oil Crash, Xabier Xala i Martín editor de la web www.salaimartin.com y Alberto Garzón de www.agarzon.net, donde añaden algunos ingredientes al “desaguisado” de Repsol YPF.

Logotipo Repsol YPF

Agradecer a Aitor de www.uncafelitoalasonce.com, quien ha conseguido los ingredientes de éste sabroso guiso. Que ustedes disfruten de éstas 3 tazas.

Saludos.CSA

Antonio Turiel, “Causa y efecto”.

Imagen de http://silvieandmaryl.com

Queridos lectores,

Los habitantes de un aislado poblado africano tenían una curiosa forma de curar las fiebres que de tanto en tanto devoraban a sus moradores. En aquella tribu era endémico un determinado tipo de insecto parásito, semejante al piojo, y habían observado que cuando una persona perdía sus parásitos enfermaba con violentas fiebres. Por tanto, cuando alguien caía presa de tales males algún portador de los parásitos convivía estrechamente con el enfermo para intentar que volviesen con él. Con la llegada de los primeros hombres blancos y de la medicina moderna se descubrió que en realidad aquellos piojos podían ser portadores de las temidas fiebres y que eran ellos los que la transmitían; pero que cuando su huésped enfermaba las altas temperaturas corporales eran insoportables para los parásitos y lo abandonaban. Por tanto, la fiebre era en realidad un efecto de tener parásitos y no al revés…

Discutimos en un post anterior que el pensamiento mágico constituye un paso hacia el razonamiento adulto ya que es el primer intento por buscar causas que expliquen los fenómenos que se observan en el mundo. Sin embargo, establecer la conexión causal entre dos eventos no es siempre tan obvio como podría parecer. Para que dados dos eventos A y B, para que A sea causa del efecto B es en primer lugar necesario que A sea anterior a B en el tiempo. Por otro lado, B debe ser la respuesta a A y por tanto no poder suceder sin el concurso de A. Estas dos simples condiciones son sin embargo difíciles de establecer en muchas circunstancias del mundo real. Empezando por la precedencia temporal, muchas veces el momento preciso en que empieza o termina un evento es difícil de determinar, y tal delimitación se hace tanto más difícil si para la producción de un cierto efecto han de concurrir varias causas. Así, en el ejemplo de los piojos arriba descrito no basta con tener piojos para desarrollar la fiebre, sino que además éstos han de estar infectados por el fatídico germen, y un análisis somero pueda hacer pensar que la ausencia de piojos causa la fiebre ya que éstos abandonan el cuerpo del enfermo poco tiempo después de declararse la fiebre y posiblemente antes de que nadie puede percibirlo. Por otro lado, establecer inequívocamente que B es la respuesta a A implica que se conoce muy bien la mecánica de A y de B, lo cual está lejos de la realidad sobre todo en procesos complicados como es una enfermedad o los efectos del Peak Oil sobre el mercado. En muchos casos la relación causal entre A y B se establece por la observación concurrente de los dos factores, pero lamentablemente tal tipo de inferencia estadística tiene dos importantes limitaciones. La primera, que por más extensiva que sea la estadística nunca se podrá estar completamente seguro de que la regla observada sea plenamente universal y duradera. La segunda, que si A y B suceden al mismo tiempo puede ser tanto que A sea causa de B, como que B sea causa de A, como que A y B sean ambas efectos de una causa común subyacente y desconocida C. Es por ello preciso validar muy bien este tipo de conexiones, buscando justamente si es posible que A se presente sin B o B sin A, y hasta qué punto A es causa necesaria y/o suficiente de B.

Un ejemplo habitual de las dificultades en establecer esta asociación causal es la recurrente discusión de la conexión entre peak oil y crisis económica, a saber: ¿es la crisis económica el resultado del estancamiento de la producción de petróleo, o más bien la producción se ha estancado como consecuencia de la crisis económica y la caída de la demanda? Este tipo de debate suele ser bastante enconado, ya que los defensores de que el Peak Oil es la causa última de los problemas se suelen apoyar en hechos geológicos, considerando los hechos económicos como subsidarios, en tanto que los defensores de que la crisis económica es un hecho diferenciado y causante de todos los malos lo suelen hacer en hechos económicos, considerando los geológicos como los subordinados. En realidad ninguna de las dos visiones extremas son correctas: la parte accesible de los recursos de petróleo, las denominadas reservas, dependen de factores económicos y particularmente del precio, así que a precio suficientemente alto se movilizará una mayor parte del recurso; pero por otro lado por más incentivo económico que se dé hay un límite geológico a la extracción de petróleo, que como sabemos se produce cuando la Tasa de Retorno Energético (TRE) es demasiado baja y este límite en la TRE no se ve afectado por el precio (aunque sí por la tecnología pero, como ya discutimos, a mayor desarrollo de la tecnología la TRE generalmente va a peor). Resolver este dilema, saber qué fue primero, si la gallina o el huevo, requiere hacer observaciones adicionales y crear gráficos que crucen las observaciones principales en ambos tipos de aproximaciones, como por ejemplo el siguiente:

Extraído de  Muuray & King, Nature 481, 433–435; 2012

La figura encima de estas líneas es lo que se denomina una gráfica de elasticidad, en este caso de la producción de petróleo, y está extraída de un artículo publicado en la prestigiosa revista Nature en Enero de este mismo año (aunque el mismo tipo de  gráfica fue publicada anteriormente por Tom Murphy en Do the Math!, como fue discutido en el post correspondiente). En el eje de las ordenadas (vertical) encontramos el precio medio del barril de petróleo (en dólares), en tanto que en el eje de las abscisas (horizontal) se encuentra el valor medio de la producción de petróleo crudo -solamente, esto es una limitación de este estudio- (expresado en millones de barriles diarios), en ambos casos tomando como horizonte temporal para definir el promedio un mes. Se puede observar dos regímenes claramente diferenciados: los puntos azul-verdoso, que corresponden a antes de 2004, en los cuales la producción de petróleo es muy elástica (pequeños aumentos del precio conducen a grandes aumentos de la producción) y los puntos negros (post-2004) en los que la producción se vuelve bastante inelástica (grandes aumentos del precio sólo producen aumentos marginales de la producción). Este tipo de gráfico sirve para cerrar la boca a muchos economistas (quienes, como sabemos, no entienden el Oil Crash) ya que muestra que los problemas de elasticidad de la producción de petróleo, signo innegable de escasez, son precedentes en el tiempo a la crisis económica de manera inequívoca y persistente. Sin embargo, precedencia no implica causalidad (aunque sea necesario para ella) y por tanto la discusión muchas veces continúa por los derroteros de mostrar la conexión mecánica entre ambos factores, aunque, eso sí, con una posición muy mermada ya para los que defienden la preeminencia de la crisis económica.

A veces la dificultad de entender las relaciones de causalidad provienen de no ser capaces de distinguir las causas últimas de las causas derivadas. Sucede que con frecuencia los eventos complejos se producen como una sucesión o cadena de eventos, cada uno de ellos siendo causa del siguiente y efecto del anterior. Así, por ejemplo, a veces se dice que la causa de los problemas de muchas familias y negocios es la subida de los precios de los bienes básicos, sin entender que esta inflación es a su vez la respuesta a un problema anterior. Este tipo de razonamiento, que se queda con los eslabones intermedios de un proceso, es habitual entre los analistas económicos, que parcelan el sistema y hacen un discurso muy elaborado pero incompleto por no intentar descubrir cuáles son los primeros principios subyacentes a un proceso.

A la dificultad inherente de establecer relaciones causales entre fenómenos complejos con observaciones limitadas se añade el sesgo que por motivos personales o ideológicos puede estar introduciendo el observador, de forma inconsciente o intencionada. Un ejemplo escandaloso de esto último me lo he encontrado hoy en esta noticia del diario español El Mundo: “La nueva transición“. La palabra “transición” tiene muchas connotaciones en España, y en estos tumultuosos días en los que el país se agita en un cierto cuestionamiento de los principios rectores de la Jefatura del Estado el uso del vocablo favorecería que el lectorado prestase más atención al artículo, supongo. Cuál no sería mi sorpresa cuando, al abrir la página web que lo alberga, me encuentro un artículo de fondo sobre Rob Hopkins y el Movimiento de Transición… ¡y encima en la Sección de Economía! Sin embargo, las razones fundamentales del movimiento de transición (la necesidad de adaptarse al Peak Oil y al Cambio Climático) pasan por bambalinas y sin una debida contextualización; de hecho, un lector desadvertido no comprenderá que lo que propone Hopkins es una manera de adaptarse al inevitable colapso de la sociedad industrial tal como la entendemos hoy en día. Teniendo en cuenta que si algo caracteriza a Rob Hopkins es ser un buen pedagogo es completamente imposible que el periodista no haya entendido la gravedad y profundidad de la amenaza del Peak Oil explicada por él, así que sin duda ha optado por dar un perfil anómalamente bajo a esta motivación central del movimiento de transición, probablemente respondiendo a la necesidad de su patrón de no transmitir mensajes demasiado contundentes sobre la imposibilidad de salir de la crisis. Pero al diluir la causa última (una de las causas, en realidad) del movimiento de transición, el efecto (la necesidad de crear este movimiento) queda completamente desvirtuada, y así algunos lectores se permiten comentarios jocosos sobre la banalidad e inmadurez del proyecto de Hopkins. Puesto que sí, descontextualizado de esa manera se ve como una reacción falta de una acción, como un efecto sin causa.

Este problema, el del sesgo ideológico a la hora de presentar las noticias, hace que se separen de una manera radical causas y efectos hasta que sean irreconocibles y prácticamente imposible conectarlos. Tenemos así que por culpa de este despiece a escala masiva nuestros medios de comunicación nos proporcionan una gran cantidad de datos pero muy poca información (ya que información no son sólo datos sino también su estructuración adecuada). El ejemplo que está ahora de actualidad es el de la incautación de los activos de la compañía YPF a la compañía multinacional Repsol. El tema dará sin duda par arduas y prolijas discusiones de los lectores (les recomiendo que escuchen una discusión de hace unos días del programa Radioactividad de Burbuja Radio que se adelantó clarividentemente a este problema); yo sólo quiero dejarles aquí algunas ideas sueltas para ilustrar la mala información que tenemos sobre el caso y las dificultades de formarnos una opinión sensata, al presentarse fragmentariamente el hilo causal. Para empezar, de momento es una incautación y no una expropiación, ya que aún no se ha fijado cuál es el precio de los bienes ahora declarados de interés público y si serán pagados y cuándo. A pesar de lo mucho que se rasga Repsol las vestiduras, conviene recordar que Repsol lleva casi dos años intentando deshacerse de YPF para sufragar sus explotaciones en Brasil; y al no haberlo conseguido ha tenido que asociarse con la china Sinopec para poder desarrollar sus pozos en el país carioca (de hecho, no hace ni una semana Repsol aún negociaba con la china CNOOC la venta de YPF). Pero lo más importante es que suele obviar en las discusiones un hecho dramático que ilustra el siguiente gráfico extraído de la web Flujos de Energía:

No hay mucha discusión posible: Argentina llegó a su peak oil particular en 1998 y su ritmo de declive es bastante considerable. Peor aún, en una terrible confirmación del Export Land Model el ritmo de declive de sus exportaciones es el doble de rápido que el de la producción. De hecho, los datos no lo muestran porque Flujos de Energía aún usa los datos del BP Statistical Review de 2011 referidos a 2010, pero en realidad Argentina ha pasado ya a ser un país importador de petróleo, como se mostraba en la última revista de prensa. Tal transición es un mazazo para el país andino y un fuente de fuertes desequilibrios en su balanza de pagos, y origen de múltiples disputas con las empresas de explotación de hidrocarburos en suelo argentino, no sólo Repsol. De hecho, la acusación recurrente a Repsol es la de no invertir lo suficiente para revertir esta situación de declive, sin comprender que el declive tiene una fuerte componente geológica y es difícil, si no imposible en términos económicos, de revertir. En esta tesitura el Gobierno Argentino ha optado por incautarse la totalidad del pastel petrolero, en un intento desesperado de retener un poquito más de esa riqueza que se le escapa de entre los dedos a pasos agigantados.

Así pues, mis lectores españoles, cuando mañana oigan todo el ruido mediático español sobre “el problema argentino” y las represalias anunciadas por el Gobierno español, miren cuántos medios reconocen que lo que nos estamos disputando aquí son los despojos. Y a mis lectores sudamericanos, y particularmente argentinos, les recomiendo que intenten ver cuántos medios van más allá de la soflama patriótica y son capaces de reconocer que la producción de petróleo difícilmente cambiará su curso descendente. En suma, a ver si entre todos son capaces de seguir el hilo causal que les lleve desde las causas últimas a los efectos finales.

Salu2,
AMT

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Xabier Xala i Martín, “No llores por mí Argentina. llora por tí!”.

A ver si nos entendemos. Es verdad que el neonacionalismo Argentino ha jugado un papel en la expropiación de Repsol, es verdad que el naciolismo aparece con furibunda violencia cada vez que el gobierno necesita camuflar problemas graves (y el gobierno argentino no es una excepción) y es verdad que la nacionalización va a perjudicar, esencialmente, a Argentina (y aquí el único que ha dado en el clavo es el alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, que parece que es el único político sensato de todo el país): ayer me preguntaba en público si quien se había pegado un tiro en el pie era Froilán, el rey Juan Carlos o Cristina Fernández de Kirchner. La respuesta es… ¡los tres a la vez!

Todo esto es verdad, pero me parece que los ciudadanos argentinos deberían empezar a ver que sus dirigentes políticos no solo utilizan el populismo nacionalista para ganarse sus simpatías, sino que son unos corruptos ladrones que roban la riqueza de su país. La nacionalización de YPF no tiene nada que ver con las necesidades energéticas del pueblo sino con la incompetencia de doña Cristina, las ansias de esconder una gestión nefasta y, sobre todo, con la CORRUPCIÓN de su entorno… y del de su hijo Máximo.

La historia empieza entre 1992 y 1999, cuando el gobierno peronista de Carlos Menem (del mismo partido de Kirchner) decide privatizar YPF debido a la enorme cantidad de pérdidas de la compañía. Era una época en que la empresa estaba mal gestionada (como casi todas las empresas públicas de todo el mundo) y el precio del petróleo rondaba los 15 dólares el barril. La empresa española REPSOL, entonces dirigida por Alfonso Cortina, compró YPF al gobierno de Menem (repito, del mismo partido que Kirchner).

1999 era una época en que “España iba bien”. ¿Lo recuerdan? Era la España del pelotazo, de los nuevo-ricos engominados que daban lecciones de gestión por todo el mundo y de los presidentes de gobierno que fumaban puros con los pies encima de la mesa. Esa arrogancia quedó grabada en las mentes de muchos latinoamericanos que han esperado años para cobrar sus deudas morales. A todo cerdo le llega su San Martín (que no su Sala i Martín, que es un fenómeno distinto) y parece que a España le ha llegado el momento de pagar la humillación a la que trató a los ciudadanos de América Latina.

Dicho esto, y aceptando la arrogancia de nuevo rico de los españoles, la verdad es que REPSOL pagó (repito, PAGÓ) el precio que le pedía el gobierno por la ruinosa compañía: 15.000 millones de dólares. La fusión fue ejemplar hasta el punto de que la revista Financial Times otorgó el premio anual a REPSOL por la mejor fusión del año.

Además de esos 15.000 millones iniciales, REPSOL ha invertido un total de 20.000 millones de dólares entre 1999 y 2012, incluyendo unos 3.200 millones en 2011. 20.000 millones en 12 años no es una inversión pequeña, diga lo que diga la presidenta Argentina. De hecho, uno de los resultados de esas inversiones ha sido el descubrimiento de los yacimientos de Vaca Muerta que pueden dar unos resultados económicos extraordinarios a pesar de que todavía está por ver la calidad del petróleo allí depositado.

En 2007, y ya con Antoni Brufau al frente de la petrolera, el presidente Néstor Kirchner pidió a REPSOL que un grupo argentino entrara a formar parte de la compañía. Se trataba del grupo Petersen de la familia de Enrique Eskenazi. La familia Eskenazi era una familia de la alta burguesía de Santa Cruz, región que había sido presidida (oh! casualidad!) por Néstor Kirchner, antes de ser presidente de Argentina. De hecho, Enrique Eskenazi era amigo íntimo de don Néstor, tan íntimo que le había financiado las campañas electorales que le llevaron al poder. Es decir, el presidente Kirchner obligó en 2007 a REPSOL a aceptar un socio argentino que, casualmente, era un amigo íntimo de toda la vida y al que se le debían algunos favores políticos. Antoni Brufau aceptó porque sabía que siempre es bueno tener inversores locales con conexiones políticas. Es bueno que los insiders te señales la existencia de luces ámbar antes de que se vuelvan rojas. Por esto aceptó que la familia Eskenazi tenga primero el 15% y luego el 25% de la compañía.

Pero había un pequeño problema: los Eskenazi eran los ricos del pueblo en Santa Cruz, pero una cosa es que tus niños se paseen por el pueblo en lujosos horteras Ferraris rojos o que chuleen por las discotecas de moda de la zona y otra cosa muy distinta es comprar el 25% de una compañía que vale decenas de miles de millones de dólares. Los Eskenazi no eran tan ricos!

¿Cómo consigue la familia amiga de Kirchner comprar el 25% de REPSOL-YPF? Pues obligando a YPF a PRESTARLE EL DINERO! Repito, Néstor Kirchner obliga a REPSOL a prestar el dinero a una familia amiga para que ésta compre el 25% de REPSOL. ¿Y cómo va a pagar esa familia semejante millonaria cantidad? Pues con los dividendos de la propia REPSOL. Es decir, REPSOL, el gobierno de Kirchner y el grupo Petersen de la familia Eskenazi firman un contrato (depositado en la Security Exchange Comission de New York) que obliga a REPSOL a dar el 25% de su capital a la familia Eskenazi y ésta se compromete a pagar de vuelta con los dividendos de REPSOL. Para garantizar que REPSOL pueda cobrar ese “crédito” (o quizá deberíamos calificarlo de extorsión), se obliga a REPSOL distribuir en forma de dividendos el 90% de sus beneficios.

Es decir, cuando la señora de Kirchner acusa a REPSOL de no destinar una mayor parte de sus beneficios a inversiones y prospecciones petrolífera, no explica que su marido (repito, SU MARIDO) había obligado a REPSOL a utilizar el 90% de los beneficios a pagar dividendos para que sus amigos (repito, SUS AMIGOS) se apropiaran del 25% de REPSOL cuando no tenían ni un dólar para comprar semejante cantidad de acciones(*).

Pero la cosa no acaba aquí. El señor Enrique Eskenazi coloca a sus hijos en la compañía (en particular, coloca a su hijo Sebastián como vicepresidente) y en lugar de actuar como el socio local que juega el importante papel de alertar de las luces ámbar antes de que aparezcan las luces rojas, se comporta como un auténtico mafioso incompetente que hace poco para defender los intereses de la compañía que dirige.

Poco a poco, REPSOL ve que se ha metido en un buen lío y que los socios locales juegan más a favor de los políticos que les han colocado en el cargo que a favor de la compañía a la que representan y pronto aparecen rumores de nacionalización. Son los últimos días de 2011 y REPSOL ha descubierto los potencialmente millonarios yacimientos de Vaca Muerta. El resto de la historia ya es conocida. Cristina Fernández de Kirchner, teledirigida por el economista Axel Kicillof(**), académico marxista, mentor de la época de Cámpora (asociación creada por Néstor Kirchner) y amigo íntimo del hijo de la presidenta, Máximo Kirchner Fernández, anuncia la expropiación del 51% de REPSOL-YPF. “Curiosamente” el 51% de las acciones expropiadas provienen del 57% que es propiedad de los socios españoles. Exactamente el 0% proviene del 25% que tienen los socios argentinos, amigos del papá Kirchner, la familia Eskenazi (y también se expropia el 0% del fondo de inversión norteamericano propietario del 17%… y recordad que eso pasa tres días después de que la señora Cristina se reuniera con Obama para “negociar” el tema).

El gran problema de la expropiación de REPSOL es que la respuesta del gobierno de España, presidido por don Mariano Rajoy, va a ser necesariamente débil. España es un país empobrecido con muy poco poder de negociación y sin ninguna capacidad de presionar a sus (teóricos) aliados: la Unión Europea y los Estados Unidos. Tanto los unos como los otros tienen menos ganas de ayudar a sus “socios” españoles que de pasar cuentas por la arrogante actitud de los presidentes españoles (Aznar y Zapatero) que no hace mucho les daban leccioncillas cuando las cosas iban bien. Y digo que eso es el gran problema de España por dos razones. La primera es que los dirigentes argentinos, al ver la débil reacción de España, verán crecer su ego a la misma velocidad que disminuyó cuando la Inglaterra de Thatcher les humilló en su estúpida campaña de las Malvinas y con su ego inflado aumentará su sed expropiatoria ni su venganza antiespañola con REPSOL: pensarán seriamente en expropiar otras compañías españolas como Telefónica, Santander o BBVA. Ya veremos.

La segunda razón por la que el espectáculo de YPF es un problema para España es que los demás gobiernos latinoamericanos, igualmente heridos por la arrogancia neocolonialista española de los años noventa, están observando. Y las ansias de venganza argentinas se pueden contagiar al resto del continente. También tendremos que esperar a ver cómo evoluciona eso.

Mientras tanto, la crisis ha convertido a España en un cadáver económico que inducirá a los carroñeros de todo el mundo a alimentarse de su despojos: el gobierno Argentino seguirá sus chulescas amenazas, los del resto de una América Latina humillada no se quedarán atrás, pero eso no es todo: las compañías petroleras Chinas intentarán explotar los yacimientos que deja REPSOL y que Argentina no puede permitirse explorar, los bancos americanos van a llenar el vacío que deje el Santander y las multinacionales europeas, sí, sí, las de los socios y hermanos europeos, estarán al acecho, atentos a quedarse con cualquier parte del negocio que la incompetencia de los líderes españoles deje sin defender.

(*) Todo el mundo sabe que, por más que ahora doña Cristina haga caer la lagrimita cuando habla de su difunto marido, los señores Kirchner llevaban años viviendo vidas separadas y paralelas, muy mucho en la dirección de los reyes de España, donde el monarca se va a cazar elefantes (o eran elefantas?) a Botswana mientras su esposa se va a buscar huevos de pascua a Grecia y cuando ella se entera del accidente de él, tarda cinco días en hacerle una visita… de 20 minutos!
(**) Axel Kicillof  es el radical paleomarxista que ha conseguido eclipsar al ministro Amado Boudou, quien intentó prohibir los libros de Sachs o Samuelson en las universidades Argentinas por ser “neoliberales”. La vida profesional de Kicillof, un profesor de 41 años, ha sido la de un francotirador de la Universidad de Buenos Aires, donde se especializó en historia del pensamiento económico. Al doctorarse dijo que Keynes era un pensador radical tergiversado por el análisis burgués. Para él, Stiglitz o Krugman son casi tan neoliberales como Mankiw o Barro. Ya ven! El íntimo amigo de Máximo Kirchner y el ideólogo de la expropiación. Con estos líderes intelectuales dirigiendo la contrarrevolución kirchneriana uno debe decir que, a pesar que el episodio de YPF es un indicio de España tiene problemas, el problema grave no lo tiene España sino Argentina!

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Alberto Garzón, “¿Cuanto paga Repsol en impuestos?”.

Como hemos visto en el último post, Repsol es una multinacional presente en muchos países y que es propiedad en más de un 50% de capital extranjero, es decir, de otras empresas y fondos de inversión de fuera de España. También es una multinacional que en su crecimiento no ha distribuido con equidad y en el seno de la empresa los beneficios obtenidos, ni en épocas de bonanza ni en épocas de crisis. Y también es una empresa que opera en paraísos fiscales a través de dos vías. En primer lugar porque su propia actividad productiva se realiza en territorio geográfico considerado paraíso fiscal y en segundo lugar porque probablemente sus operaciones financieras se realicen allí aprovechando lo anterior.

Ello nos da algunas pistas de por qué no debemos considerar a Repsol una empresa modelo y española. Pero todavía quedan algunos cabos sueltos por resolver. Y es que, efectivamente, Repsol contrata trabajadores en nuestro país y además paga aquí el impuesto de sociedades, todo lo cual contribuye de forma positiva a la economía española. Por ello necesitamos arrojar luz sobre esta cuestión.

Antes de comenzar cabe considerar que Repsol es un grupo empresarial compuesto por una gran cantidad de empresas y filiales que operan en distintos países. Mientras no observe lo contrario, las cuentas aquí expuestas se refieren al conjunto del grupo.

Repsol tuvo en 2010 un total de 60.430 millones de euros en ingresos. De esos ingresos hay que restar el gasto en aprovisionamientos (36.184 millones; 58’87%), el gasto en personal (9.916 millones; 16’40%) y otros gastos (4298 millones; 7’11%). Todo ello deja un resultado de explotación de 7.621 millones. Como también hay ingresos y gastos financieros, como consecuencia de operaciones de esa naturaleza -tales como beneficios y pago de préstamos-, el resultado financiero es de -1.008 millones de euros.

Es decir, Repsol tuvo en 2010 un total de 6.613 millones de euros en beneficios antes de impuestos. Eso es lo que declaró que había ganado. De ese total, 1.641 millones (24’8%) los obtuvo en España, 1.416 millones (21’41%) en Argentina y 3.556 (53’77%) en el resto de países. Esto nos dice que el “mercado” español no es ni una cuarta parte del beneficio de la multinacional.

Y ahora llega la parte de pagar impuestos. Las regulaciones fiscales varían entre países, en función de múltiples criterios, de forma que no se paga lo mismo en España que en Argentina o que en un paraíso fiscal. En el año 2010 el impuesto nominal a pagar era del 30% en España, del 28% en el régimen especial de Bizkaia, del 35% en Argentina, del 35% en EEUU, del 34% en Brasil, del 25% en Bolivia, del 50% en Venezuela, del 65% en Libia y del 25% en Ecuador, por poner algunos ejemplos. Pero esos porcentajes se aplican sobre la llamada base imponible, que no coincide con el resultado declarado por las entidades.

En efecto, Repsol declaró en España que había ganado 1.641 millones de euros, pero los legisladores españoles consideraron que había que sumar -por distintas razones- una cantidad importante de modo que se acabara pagando impuestos sobre una cantidad mayor. Finalmente, en 2010 la base imponible de Repsol en España subió a 3.534 millones de euros.

A esos 3.534 millones se les aplicó el tipo nominal español, del 30%, de modo que la llamada cuota íntegra fue de 1.060 millones de euros. Esa era la cantidad que Repsol hubiera tenido que pagar a las arcas públicas. Pero Repsol se acogió a una cantidad importante de deducciones fiscales, es decir, incentivos que el Estado proporciona y con los que permite pagar menos impuestos. Esas deducciones ascendieron a 913 millones de euros. Pero a la vez tuvo que pagar por ajustes complementarios en el impuesto. El resultado neto fue que Repsol pagó un total de 949 millones de euros. Eso significa que el tipo efectivo en España fue de un 26’85%. Y en el conjunto del mundo Repsol pagó con un tipo efectivo de 26’34%.

No es un tipo efectivo demasiado bajo, pues las deducciones a las que se acogen las empresas españolas hacen que al final el tipo efectivo medio (del conjunto de las grandes empresas) esté entre el 10% y el 15%. Pero Repsol opera en un sector con impuestos especiales, lo que permite explicar ese dato final. No obstante, un 26’85% no es el 30’00% del tipo nominal, de modo que existe lo que se llama “gasto fiscal” (dinero que el Estado deja de ingresar). Por no hablar de que el Impuesto de Sociedades es, en mi opinión y más aún en un contexto como este, demasiado bajo.

Ahora bien, ¿qué enseñanzas podemos sacar de todo esto? En primer lugar, que Repsol contribuye a los Estados con un total de 1.742 millones de euros, de los cuales 949 millones (54’47%) los paga en España. Ni todos los beneficios ni todos los impuestos los obtiene en España. En segundo lugar, Repsol utiliza paraísos fiscales y desconocemos las cifras reales que debería pagar en ausencia de esos mecanismos de evasión y elusión fiscal. En tercer lugar, la parte que no son impuestos es reinvertida o repartida entre accionistas que son por lo general bancos y grandes empresas -y mayormente extranjeras-. Y finalmente un apunte, la creación de puestos de trabajo es relativamente escasa (43.298 personas en el mundo, 19.761 personas en España).

En definitiva, en el proceso de desarrollo e internacionalización de Repsol se produce un crecimiento de la riqueza a distribuir. Esa distribución es muy desigual en el seno de la empresa (ver artículo anterior) y es también desigual en las relaciones entre empresa y Estado (aplicación del tipo efectivo). Es decir, en el proceso de desarrollo de Repsol hay distintos y desiguales ganadores, siendo los grandes capitales los que más ventaja obtienen, mientras que el Estado y los trabajadores quedan detrás y en mucha menor medida.

Faltaría incluir en este análisis aspectos ya tratados con anterioridad. Por ejemplo, el efecto que tienen las operaciones de Repsol sobre el medio ambiente, sobre la economía de destino y sobre el sistema financiero, todo lo cual son costes no necesariamente económicos que deben tenerse presentes. Y finalmente un elemento aún más importante: ¿no sería más adecuada una forma distinta de administrar Repsol? Es decir, cambiar esas distribuciones (dentro de la empresa y hacia fuera -Estado-) a partir de nuevas leyes que vayan desde la subida de impuestos hasta la nacionalización de la entidad. Sólo en esos casos, especialmente el segundo, tendría sentido hablar de una empresa al servicio del pueblo (siempre que los beneficios se reinvirtieran en el mantenimiento o creación de servicios públicos).

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Un comentario el “YPF: duelos y quebrantos

  1. Pingback: La trampa de la energía – 11.05.2012 – lanacion.com   | Centro de Sostenibilidad de Aranjuez

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