Centro de Resiliencia de Aranjuez

Análisis y recursos eco-sociales de adaptación para la transición del siglo XXI

El retorno al equilibrio: Parte 1 – Energía


Post El retorno al equilibrio por Quim Nogueras Energia 0

Foto: la llamarada solar más grande jamás vista, tomada desde el satélite Soho y Stereo de la NASA. Ese pequeño punto azul, en la parte inferior izquierda, es la Tierra.

Este trabajo es una recopilación de entrevistas que pretenden, en estos momentos tan complicados, verter un poco de luz sobre las incógnitas que nos plantea el futuro. Hablaremos de los aspectos más básicos de nuestra vida, y lo haremos desde el punto de vista de dos de los fenómenos que, en mi opinión, tendrán más peso sobre ella: la crisis de recursos naturales y el cambio climático. Por Quin Nogueras.

Parte 1 Parte 2 Parte 3 Parte 4 Parte 5 Parte 6 Parte 7

INTRODUCCIÓN

Es bien sabido que los seres humanos acostumbramos a cometer errores. Lo hacemos tan a menudo y de tan diversas maneras, que alguien que viniera de fuera podría pensar que incluso nos gusta. Pero no es así. No nos gusta nada equivocarnos, nos avergüenza, nos hiere el orgullo más que cualquier otra cosa, y por eso, antes que reconocer un error haremos lo que sea. Esto nos conduce, la mayoría de las veces, a cometer una equivocación aún mayor, en lo que se convierte en el principio de una larga sucesión de despropósitos, que puede llegar a ser de magnitud planetaria, tal como trataremos más adelante.

Cuando pensamos en la situación que vivimos hoy en nuestro país, no pensamos en errores, sino en la mala fe de los más poderosos. Y es cierto. Buena parte de lo que ocurre es, en mi opinión, fruto de decisiones intencionadas, de actos de egoísmo consciente, perpetrados por individuos que, con la única intención de enriquecerse, han arrojado a la miseria a millones de personas. Resulta cada vez más evidente que este abuso, lejos de detenerse, empeora día tras día, y nuestras instituciones de gobierno, en lugar de protegernos, se convierten herramientas de dominio al servicio de sus autores, los dueños del dinero.

Movimientos como Democracia Real Ya, el 15M, los llamados Indignados, son la expresión visible de una conciencia social que se está generalizando, que responsabiliza a las grandes fortunas y los grandes partidos políticos de la crisis económica actual y que, en consecuencia, tiene la convicción de que si lográramos un sistema realmente justo y democrático, podríamos volver a vivir como cinco años atrás.

Algunas voces consideran, sin embargo, que si realmente queremos salir de esta crisis, aparte de acabar con ladrones y corruptos, tendremos que mirar más allá o, mejor dicho, tendremos mirarnos a nosotros mismos, y analizar seriamente de qué manera nuestra sociedad ha llegado a ser lo que es. Quizás entonces seremos conscientes de qué errores hemos cometido, y cuáles no nos podemos permitir repetir.

Para entender de qué se alimenta lo que llamamos el estado del bienestar, no debemos mirar la economía, sino la tierra, lo que sacamos de ella y la huella que dejamos después. La riqueza de la que hemos llegado a disfrutar no es más que la traducción de un hecho físico crucial: en 100 años hemos multiplicado el ritmo de explotación de los recursos naturales hasta un nivel sin precedentes. Nuestros bisabuelos vivieron el nacimiento de la revolución industrial. Una nueva era en la que, gracias a la utilización masiva de los combustibles fósiles, el mundo ha sufrido una transformación total: ha cambiado nuestra manera de trabajar, de movernos, de organizar nuestras ciudades, ha transformado nuestra manera de producir alimentos, ha permitido multiplicar la población mundial y, particularmente en occidente, ha llevado a aumentar los niveles de consumo de forma completamente desmedida.

Científicos de todo el mundo advirtieron hace años que, por cuestiones geológicas, este crecimiento llegaría a un límite, que la producción de petróleo en un momento dado alcanzaría un máximo a partir del cual comenzaría a declinar inexorablemente, un proceso que también seguirían el carbón, el gas natural, el uranio, así como la mayoría de las materias primas que ahora consideramos esenciales.

Advirtieron también de los efectos climatológicos que tendrían las emisiones de CO2 provenientes de la quema de los combustibles fósiles, y que ello conllevaría serias consecuencias sobre nuestra calidad de vida. Nos explicaron, además, que debido a la inercia que presenta este fenómeno, corregirlo nos llevaría décadas, y que en caso de mantenerse demasiado tiempo, corríamos el peligro de que se acelerara y se acabara desbocando.

El agotamiento de recursos y el cambio climático fueron predichos hace décadas, y son problemas tratados por nuestras instituciones de gobierno desde hace años, aunque siempre lo han hecho de puertas adentro, y sin demostrar ninguna intención real de hacerle frente. Esto ha contribuido a que la mayoría de la población continúe desconociendo la gravedad de la situación, o bien tenga la creencia de que se trata de cuestiones que nos afectarán más a largo plazo.

No hace falta ir demasiado lejos para darnos cuenta de que esto no es así, que aquel futuro que preveían los científicos ya está aquí: la producción de carburantes y de metales como el cobre no puede seguir el ritmo del crecimiento y sus precios suben hasta máximos históricos, estrangulando una economía que ya pende de un hilo; por el otro lado hace sólo unos meses sufríamos cuatro olas de calor consecutivas, el mismo verano que el casquete polar marcaba mínimos desde que se dispone de datos, poco antes de contemplar por televisión la visita de un huracán a la capital de occidente.

Nos encontramos pues en un punto clave en la historia, un momento decisivo en el que confluyen graves problemas económicos, ecológicos, políticos, climáticos… y donde nos vienen a la cabeza preguntas muy importantes, como por ejemplo:

-Después del petróleo, ¿podremos continuar funcionando con energías renovables?

-¿Hasta qué punto debemos preocuparnos por el cambio climático?

-¿Qué haremos si la economía no vuelve a crecer?

-¿Qué puedo hacer yo para prepararme para el futuro? ¿y qué puedo hacer por mis hijos?

-¿Cómo podemos evitar que cada vez más gente pase hambre?

-¿Hay alguien que ya se haya organizado y esté trabajando para asegurar un futuro digno?

-¿Cómo puedo aportar mi granito de arena?

Con la intención de encontrar una primera orientación hacia sus respuestas, y aprovechando las facilidades que ofrece la red, he entrevistado a diferentes personas de nuestro país, expertas en sus respectivos ámbitos.

CARLES RIBA ROMEVA

Doctor ingeniero industrial, profesor de Ingeniería Mecánica de la Universitat Politècnica de Catalunya, presidente del Col·lectiu per a un Nou Model Econòmic i Social Sostenible.

¿Cree usted que a nivel institucional se está haciendo una valoración realista del problema de los recursos energéticos? ¿Cómo valora las previsiones realizadas por la Agencia Internacional de la Energía?

Por supuesto que no. Los responsables institucionales han ignorado el problema de los recursos energéticos. En todo caso, han prevalecido las discusiones sobre los precios y las reacciones ciudadanas. Sin embargo, tengo el convencimiento de que ciertas altas instancias mundiales tienen (o pueden tener) un conocimiento preciso de la situación, pero no lo dicen a la ciudadanía.

La Agencia Internacional de Energía participa de esta tendencia a no contar la verdad. Quiere transmitir un optimismo sobre las reservas y las producciones futuras que se nos puede volver en contra sin habernos preparado. Por lo tanto, es una grave irresponsabilidad.

Dada la creciente demanda de los países emergentes y el aumento del autoconsumo en los exportadores de petróleo, ¿cuándo cree que podemos empezar a sufrir problemas serios de suministro en nuestro país?

Hay un aspecto subyacente de la crisis actual del que prácticamente nadie habla. Se trata de la factura energética que pagamos para importar los combustibles fósiles que consumimos y no producimos. España es el noveno país que más paga y, la factura energética para 2012 se estima será de 53.000 millones de euros.

Esto ya condiciona de forma determinante nuestra economía. Pero, de la manera que están subiendo los precios internacionales, debido a la percepción de la escasez mundial del petróleo, esta factura se puede duplicar en muy pocos años.

Aparte de eso, hace unos 8 años que la producción mundial de petróleo está entre los 84 y 87 millones de barriles por día, síntoma que hemos llegado al cénit de producción. Probablemente en esta misma década (quizás tan sólo dentro de 2 o 3 años) iniciará el declive. Entonces las consecuencias pueden ir más allá de los precios y afectar el abastecimiento.

¿Qué fracción del consumo global actual se podrá suplir en un futuro 100% renovable?

La casi totalidad de las energías renovables nos viene del Sol, ya sea directamente a través de la energía fotovoltaica o la solar térmica, ya sea indirectamente a través de los vientos y las olas del mar, las lluvias y las corrientes de agua terrestres, las corrientes marinas o la biomasa.

En este sentido, las energías renovables tienen una dimensión a la que no estamos habituados y nos pasa por alto, que es la baja potencia superficial.

La potencia solar media que llega a la superficie de la tierra es de unos 169 W/m2 (vatios por metro cuadrado) de la cual la mayor parte de tecnologías difícilmente pueden transformar en útiles más de 8 W/m2. En cambio, las instalaciones de energías no renovables (fósiles y nuclear) pueden ser del orden entre 100 y 200 veces superior.

Extrapolando las centrales solares térmicas como las del Sur de España (actualmente líderes en el mundo) a la producción de una gran central de carbón o nuclear de 1 GW (mil millones de vatios) como las de Cataluña, nos da una superficie casi tan extensa como la ciudad de Barcelona (unas 8.000 hectáreas) toda cubierta de espejos concentradores con un coste doble.

Esto nos hace ver la dificultad que habrá para mantener los niveles despreocupados de consumo energético de hoy en día con los combustibles fósiles. Tampoco es ningún milagro: cada año estamos quemando los combustibles fósiles que tardaron en formarse 1 millón de años.

A menudo se habla de renovable y sostenible de manera indiferenciada. ¿Qué efecto puede tener la escasez de fósiles sobre el desarrollo y mantenimiento de las renovables?

Los combustibles fósiles no se acabarán de golpe, sino que irán siendo cada vez más escasos en un tiempo relativamente dilatado. Esto no quita el descalabro de la economía que ya hemos empezado.

En este sentido, pienso que una actitud colectiva inteligente sería utilizar la gran capacidad y flexibilidad de los recursos fósiles de que todavía dispondremos para construir las infraestructuras de las futuras energías renovables.

¿Qué consecuencias puede tener la escasez de tierras raras sobre la eficiencia de nuestros sistemas?

La escasez de tierras raras (como las de otros materiales escasos) dificultará el desarrollo de tecnologías más favorables. Sin embargo, la escasez de energía es un problema más a la raíz que todos los demás aspectos, y lo afecta todo. Lo que vendrá a continuación es el problema de la subsistencia alimentaria.

¿Cuál será el impacto de la crisis de recursos sobre nuestro progreso científico? Nos dirigimos hacia una simplificación de la tecnología?

En relación a la simplificación tecnológica pienso que no en vano hemos vivido el desarrollo de estos últimos años. Más que simplificación tecnológica hablaría de eliminación de los usos superfluos. Por ejemplo, sin hacer un abuso, hay que preservar y extender la telefonía móvil o internet. En cambio, no se podrán mantener los viajes lowcost de fin de semana.

¿Hacia dónde cree que deberíamos priorizar nuestros esfuerzos en investigación y desarrollo?

Cuando se habla de la crisis energética existe la tendencia a pensar de dónde podemos sacar más energía. Pero también podríamos orientarnos a cómo ahorrarla. Creo que se debe investigar en estas dos direcciones. En la obtención de la energía, hay que orientar decididamente la investigación hacia las energías renovables. En relación al ahorro (que puede aún ser más determinante) hay dos vías convergentes: a) Investigar en nuevas tecnologías menos consumidoras de energía (por ejemplo, la iluminación con leds, o sistemas más eficaces de calefacción), b) Investigar sobre los usos sociales y su eficiencia. Por ejemplo, se puede ahorrar tanto o más con una gestión adecuada del alumbrado público (y la investigación sobre formas de seguridad) que con un cambio de tecnología.

¿Llegaremos a desarrollar la energía de fusión? ¿Cree que esto solucionaría el problema?

Existe el proyecto a escala mundial del ITER, pero yo no soy muy optimista. Las condiciones de temperatura y presión que se dan en el Sol para la fusión nuclear me parecen muy difíciles de reproducir en la Tierra.

En todo caso, el mismo sitio web del proyecto ITER prevé unas fechas de desarrollo suficientemente alejadas en el tiempo como para que la crisis del petróleo y de los combustibles fósiles haya ya estallado con toda su intensidad. El ITER no nos lo ahorrará.

¿Todavía estamos a tiempo de empezar a hacer las cosas bien?

Yo creo que siempre estamos a tiempo. Pero creo que los cambios de modelo que debemos operar no son posibles sin un cambio ético y de valores. El nuevo mundo sólo lo podremos construir desde un espíritu de cooperación y de compartición. Debemos abandonar el egoísmo y el acaparamiento. En definitiva, los nuevos valores éticos se transformarán también en valores económicos.

———

Carles Riba Romeva es autor del libro “Recursos energètics i crisi. La fi de 200 anys irrepetibles”.

Se puede descargar en:

http://www.cdei.upc.edu/documents/Recursos%20Energetics%20i%20crisi%20cat.pdf

______

Aquellos que estéis interesados ​​en una descripción más exhaustiva y completa del problema de los recursos energéticos y el calentamiento global, podéis consultar mi anterior trabajo: “Energía y clima: descubriendo los límites”. Se puede descargar en: http://goo.gl/Bdp01

También podéis contactar conmigo a través del correo: quimnr(arroba)gmail.com y en el Facebook quim nogueras.

Por gentileza de Quin Nogueras

Fotos añadidas por Fernando Valdepeñas CSA Editor.

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