Centro de Resiliencia de Aranjuez

Análisis y recursos eco-sociales de adaptación para la transición del siglo XXI

El retorno al equilibrio: Parte 7 – Ciudades en Transición y Conclusiones


Post El retorno al equilibrio parte 7 Ciudades en transicionEste trabajo es una recopilación de entrevistas que pretenden, en estos momentos tan complicados, verter un poco de luz sobre las incógnitas que nos plantea el futuro. Hablaremos de los aspectos más básicos de nuestra vida, y lo haremos desde el punto de vista de dos de los fenómenos que, en mi opinión, tendrán más peso sobre ella: la crisis de recursos naturales y el cambio climático. Por Quin Nogueras.

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JUAN DEL RÍO SAN PÍO

Licenciado en biología, máster en sostenibilidad por la UPC, formador oficial e impulsor de la Transition Network en el estado español, coordinador de Transición Sostenible.

¿Qué medidas puede tomar una persona a nivel individual para prepararse para el futuro?

En general todo aquello que nos haga estar más preparados para el cambio, ser más flexibles y capaces de adaptarnos a nuevas situaciones. Debemos dejar de lado la idea de que es sólo un tema del futuro, vivimos en un mundo en continuo movimiento y desde luego no hace falta más que pararse a ver lo que sucede a nuestro alrededor para darse cuenta de que ahora mismo, mientras lees estas palabras, no paran de cambiar cosas. Por tanto es un tema de futuro y de presente. La cuestión es: ¿qué cambio queremos?¿cómo ir hacia él? Bien, para empezar debemos ser conscientes de que esta transición debe ser tanto individual como colectiva y que no debemos esperar a que otra gente la haga por nosotros, debemos actuar ya.

Algunas ideas de cosas que podemos empezar a hacer hoy mismo:

– No perder el tiempo en discusiones y comenzar a participar en los proyectos para los que te sientas más motivado. Uno podrá comenzar a hacer un huerto ecológico, otro a dar charlas, y otro a hacer las casas más eficientes por ejemplo.

–  Hacer partícipe de ello a tus amigos, vecinos, a todo el que te rodea y por supuesto usar las redes sociales para ello.

–  Consumir de manera consciente. Promoviendo la reutilización y reciclaje, el consumo ecológico y local o de comercio justo, el uso del transporte público y la bicicleta, evitar coger el avión, uso de monedas complementarias, etc. En definitiva un consumo crítico y coherente.

– Trabajar los aspectos personales y emocionales del cambio. Reconectar con la naturaleza, con tu gente. Ser más generoso, cooperar, ralentizar nuestro modo de vida, tener momentos para uno mismo, etc.

¿Qué puede hacer una persona en nuestro país que quiera cambiar cosas a nivel colectivo?

Es imprescindible organizarse colectivamente para diseñar y construir el futuro que queremos. Debemos apostar por reconstruir comunidad, crear conexiones entre las personas y entre los colectivos. Debemos dejar de ver las diferencias como distancias que separan sino como diversidad y riqueza para cooperar y cocrear. Además la transición desde lo colectivo es mucho más gratificante y porque no decirlo divertida.

Por un lado, trabajar para reconstruir comunidad. Conocer a tus vecinos, a la gente de tu barrio o de tu trabajo, entablar nuevos lazos, construir confianza, empoderar a la gente.

Por otro lado ver qué iniciativas existen en tu barrio, pueblo o ciudad, que estén realizando cosas que te interesen y conectar con ellas. Además, también puedes montar tu propio grupo. Habla con tus amigos, familiares o conocidos sobre la idea y realiza un evento en el que puedas conocer a gente interesada con la que comenzar. Es tan fácil como reunirse, empezar a conocerse y ponerse manos a la obra. Los procesos colectivos no son siempre fáciles pero son todo un reto y un necesario y gran aprendizaje.

Usted conoce el movimiento Pueblos en Transición muy de cerca, ¿podría explicar a grandes rasgos cómo funcionan este tipo de iniciativas?

El movimiento de transición o TransitionTowns es un gran experimento, un increíble proceso colectivo y creativo. Pueblos, ciudades o barrios que frente al próximo e inevitable decrecimiento en el consumo energético y de todo tipo de recursos, a los efectos de la actual crisis económica y a la crisis climática, deciden organizarse para afrontar una transición hacia un futuro más resiliente, local y autosuficiente, un futuro con mejor calidad de vida y que reconozca los límites físicos de nuestro planeta.

Es importante entender que debido a su carácter experimental se trata de un movimiento en continua evolución, donde cada iniciativa se adapta a su contexto local. Por ejemplo iniciativas en un barrio de Londres, en un pueblecito de Girona o en una favela de Brasil buscaran soluciones particulares a sus problemas pudiéndose centrar en ámbitos diferentes.

Se trata de grupos que actúan a nivel local y que por lo general tienen una estructura con un grupo central y grupos de trabajo en diferentes aéreas: energía, alimentación, transporte, transición personal, educación, etc. Su enfoque es práctico, inclusivo y positivo, y se busca trabajar tanto la “cabeza” (la parte intelectual), como las “manos” (la acción) y el “corazón” (la parte emocional). Otra característica es el uso de herramientas participativas como el “café del mundo” o el “foro abierto” y la existencia de una metodología que a modo de ingredientes ayuda a la creación y evolución de las iniciativas.

Los proyectos que se realizan son muy variados, desde huertos urbanos o bosques comestibles a monedas complementarias, sensibilización, planes de descenso energético o proyectos educativos para reaprender habilidades, etc.

¿Cuántos años hace que se puso en marcha el primer Transition Townen Reino Unido? ¿Cuantos municipios hay involucrados a día de hoy?

Hace apenas 6 años, en Totnes, en el suroeste de Inglaterra. Desde entonces el movimiento se ha expandido de manera viral, habiendo actualmente unas 2000 iniciativas en más de 30 países. Reino Unido, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Alemania, Brasil, India, Francia, Japón, Filipinas son solo algunos ejemplos. En el Estado Español existen aproximadamente 30 grupos, de los cuales alrededor de 10 se encuentran en Catalunya. Además en estos momentos se está construyendo la red de transición del estado español para dar apoyo a las iniciativas.

¿Podría poner algún ejemplo de mejoras que ya se hayan alcanzado?

Se están produciendo mejoras tanto cuantitativas como cualitativas.

Hablamos de descenso en el consumo energético, por tanto en las emisiones de CO2 y en las facturas domésticas, de jardines públicos comestibles y de huertos urbanos que proporcionan comida a la gente, de sistemas de intercambio o monedas complementarias que fortalecen la economía local, o de gente que recupera habilidades perdidas.

Hablamos de vecinos que se conocen y empiezan a compartir y ayudarse, de grupos de personas que aprenden a trabajar colectivamente y se reúnen para diseñar el barrio en el que quieren vivir, de gente empoderada, de celebraciones y gente pasándoselo bien, de nuevos empleos y pequeñas empresas sociales. De redes, de gobiernos locales que conectan con las iniciativas y colaboran, de ciudades más verdes y humanas.

Todo esto ya está pasando alrededor del mundo y no ha hecho más que comenzar.

¿Cree que este modelo se puede trasladar a nuestro país? ¿Conoce alguna comunidad aquí que ya esté trabajando en ello?

Sí, ya está pasando. El movimiento de transición se está adaptando a contextos muy diferentes. Empezó en los países anglosajones llegando después a otros “países del norte”, y lo está haciendo poco a poco en “países del sur”. Las primeras iniciativas en el estado español, como Barcelona en Transició, comenzaron hace 3 años tomando el modelo original y experimentando, mezclando el pragmatismo inglés con la vertiente más política y el carácter más social. En un contexto cambiante y difícil, como es el de la actual crisis económica, nuevas iniciativas están emergiendo para buscar soluciones a los problemas más acuciantes y el movimiento de transición tiene mucho que aportar.

Algunos ejemplos de grupos de transición son: el barrio de Sant Martí y la Verneda, en Barcelona, con su plan energético participativo, Vilanova i la Geltrú con la Turuta, su moneda local, Zarzalejo, en Madrid, con su plan de agricultura comunitario, Coín en Málaga con su mercado de intercambio, la Universidad de Santiago de Compostela, etc.

La gente a menudo plantea que difícilmente podremos trabajar para el futuro si ya es suficientemente complicado sobrevivir al presente. ¿Cómo se trata este problema en las iniciativas de transición?

Un tema clave en el movimiento de transición es crear un nuevo imaginario con historias sobre un futuro rico en relaciones, salud, felicidad, naturaleza, etc. Un futuro alternativo al apocalíptico e hipertecnológico que nos vende Hollywood. Además, las iniciativas visionan cual es el futuro que quieren por ejemplo a 20 años vista, para después retroceder al momento actual y ver qué pasos se deben seguir para llegar allí. Este ejercicio se llama backcasting y sirve para ver qué debemos hacer en el presente teniendo siempre en cuenta el objetivo a largo plazo.

Otro de los conceptos importantes es huir de la visión negativista. La transición no puede hacerse sin diversión. Hay que celebrar tanto los éxitos como los fracasos, y justamente ese es uno de sus mayores éxitos, ya que se crea comunidad y nos hace entender que el proceso de cambio, aunque no sea fácil, es un gran reto, es enriquecedor y muchas veces divertido.

¿Cree que este modelo puede lograr cambios a gran escala? En este sentido, ¿cree necesaria la colaboración o integración con otras organizaciones como ONGs, Cáritas, cooperativas, etc.?

Sin lugar a duda. Que en solo 6 años existan 2.000 iniciativas, (pueblos, ciudades, barrios, universidades, islas, etc.) actuando a nivel local por todo el mundo es muestra de su gran potencial. Sin embargo no se trata solo de un movimiento sino de una transición social “sensu lato”, un cambio que necesita actuaciones a diferentes escalas y en diferentes sentidos (de abajo a arriba y de arriba a abajo). Una transición que ya está sucediendo.

Hablamos de diferentes movimientos sociales como el de ecoaldeas, el decrecimiento, el movimiento slow, las cooperativas integrales, el 15M o el movimiento de transición, entre muchos otros. Hablamos de centros de investigación como el Stockholm Resilience Center o el Drift, o de iniciativas implementadas desde arriba como ResilientCities, la iniciativa del gobierno ecuatoriano de incluir a la Pachama en su constitución o el HappyIndex como alternativa al PIB introducido por el gobierno de Bhutan.

Uno de los grandes retos de la actualidad es conseguir crear puentes entre todas estas islas, conectar estas diferentes propuestas y darse cuenta de su complementariedad y de lo necesaria que es la cooperación y colaboración para conseguir construir una alternativa a gran escala. Y en este sentido, el movimiento de transición por su carácter inclusivo está ejerciendo un importante papel de conector.

¿Cómo es la relación entre las iniciativas de transición y los gobiernos locales? ¿Cree posible que movimientos como el de Pueblos en Transición lleguen a ser tomados en cuenta por las instituciones centrales?

La relación con los gobiernos locales es un aspecto importante para el movimiento de transición dado su potencial papel facilitador. Hablamos de un cambio global que nos afecta a todos y las instituciones locales deben participar de ello, como ya está sucediendo en muchos casos. Son estructuras muy rígidas que deben sufrir una gran transformación, su propia transición. Su manera de actuar tiende a ser reactiva, por lo que están esperando de soluciones y propuestas, estas deben ser promovidas desde las iniciativas locales y las instituciones facilitar recursos, generalmente no económicos dada la situación actual. Debemos recordar la juventud del movimiento y de que estas relaciones se están construyendo.

La influencia del movimiento de transición a nivel de instituciones centrales es pequeña pero está creciendo y seguro que irá en aumento. Cada vez tiene más peso a nivel internacional, empezándose a considerar en Bruselas en planes a nivel europeo, y en políticas internacionales contra cambio climático. En países como el Reino Unido su gran expansión está haciendo que se le comience a tener en cuenta a nivel de instituciones centrales. En el estado Español la influencia es inexistente, a nivel catalán se reduce de momento a la participación en la agenda XXI de Barcelona.

¿Todavía estamos a tiempo de empezar a hacer las cosas bien?

Definitivamente sí. Pero ojo, no todo lo que hacemos ahora está mal. Debemos analizar bien nuestros errores y aciertos, aprender de ellos, organizarnos y actuar. Vivimos en una época increíble, momentos de cambio y de emergencia de nuevas ideas, donde las crisis son inmensas oportunidades de diseñar un mundo diferente. La transición esta ya sucediendo, miles de proyectos están implementándose a nuestros alrededor y debemos participar activamente de ello. La situación es urgente, emocionante, no debemos esperar, tenemos que pasar de la idea a la acción.

CONCLUSIONES

De todas las palabras que hemos escuchado en las entrevistas se desprende una reflexión inevitable: esta crisis es, ante todo, el punto culminante de un modelo de sociedad. Un sistema basado en el consumismo desaforado y en un crecimiento que hace ya tiempo que superó los límites de lo que el planeta nos podía ofrecer, y de lo que era capaz de soportar. Una manera de vivir egoísta, y tremendamente cruel, porque no debemos olvidar que la avidez de occidente ha contribuido decisivamente a la mayoría de problemas que fustigan el resto de la humanidad, como son las guerras, el acaparamiento de tierras, la deforestación, la contaminación de suelos y aguas, y que son causantes del hambre y el sufrimiento de miles de millones de personas.

Así pues, antes de buscar soluciones tendremos que reconocer que hemos estado siguiendo el camino equivocado, y que cualquier esfuerzo por continuar en la misma dirección agravará nuestra situación, y también la de resto seres humanos. Una vez tengamos esto claro, nos daremos cuenta que no nos encontramos ante un problema de una dificultad técnica insalvable. Se trata, sencillamente, de cambiar nuestros objetivos, de pensar qué necesitamos para vivir con dignidad, de organizarnos y ponernos a trabajar.

Hay quien nos querrá convencer de que la codicia y la competitividad forman parte de nuestro código genético, que estamos predestinados a engullir la riqueza de la Tierra hasta agotarla, que no hay nada que hacer. Los que afirman esto son los mismos que no quieren ver peligrar su opulencia indecente, aquellos que se aferran con violencia a sus privilegios.

En estas entrevistas hemos escuchado que, en todos los aspectos importantes de nuestra vida, hay maneras diferentes de hacer las cosas, que el peligro real no es la escasez de recursos, sino el despilfarro y la desigualdad, que el decrecimiento es el camino a seguir, que podemos asegurar nuestra alimentación y al mismo tiempo respetar el medio ambiente, que nos toca a nosotros tomar la responsabilidad, y que ya hay otros que nos pueden enseñar a dar el primer paso.

Cada día son más claras las señales de que se está gestando una nueva conciencia social. Sólo tenemos que hacer que esta energía se contagie al máximo número de personas, y poner en marcha tan pronto como podamos colectivos como los que nos han presentado los entrevistados, empezando por asegurar las necesidades de los más desfavorecidos, y a partir de ahí establecer las bases de un nuevo modelo de sociedad.

No hay otra opción que actuar. Debemos pasar de la indignación a la esperanza y la ambición de transformar el mundo en un lugar donde podamos vivir, dignamente, todos nosotros y también los que vendrán.

———

Aquellos que estéis interesados ​​en una descripción más exhaustiva y completa del problema de los recursos energéticos y el calentamiento global, podéis consultar mi anterior trabajo: “Energía y clima: descubriendo los límites”. Se puede descargar en: http://goo.gl/Bdp01

También podéis contactar conmigo a través del correo: quimnr(arroba)gmail.com y en el Facebook quim nogueras.

Por gentileza de Quin Nogueras

Fotos añadidas por Fernando Valdepeñas CSA Editor.

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