Centro de Resiliencia de Aranjuez

Análisis y recursos eco-sociales de adaptación para la transición del siglo XXI

El otro lado del abismo

Conferencia sobre el pico del petróleo y soluciones comunitarias.               Yellow Springs, Ohio– 14 de Noviembre de 2004.
Autor: Richard Heinberg
Traducción de texto: Marcelo Espinosa (Santiago, Chile)

Fuente: Fotolog.com

Ya hemos escuchado mucho hablar este fin de semana, y no quiero cargarlos con más información. Vi en el programa que supuestamente yo debería hablarles de “Esperanza y Visión: Soluciones para el Planeta Tierra”. Me parece que varios de los otros presentadores ya nos dijeron suficiente sobre “esperanza y visión”. No estoy seguro que yo tenga mucho que agregar en ese aspecto. Pero tal vez podría tomar estos breves minutos para compartir con ustedes algunos pensamientos filosóficos del “gran cuadro”, nuestra difícil situación y nuestras oportunidades desde una perspectiva histórica.

Estamos, a mi parecer, viendo el comienzo del final de la civilización industrial.

Esa palabra “civilización” es una palabra tramposa. Estamos entrenados para pensar en ella como connotación de todo lo refinado, civilizado y seguro. La alternativa es el barbarismo ¿no es cierto?

Bien, no necesariamente. No por lo menos desde una perspectiva histórica o antropológica.

Por varios años en los años 90 fui miembro de una organización académica llamada Sociedad Internacional para el Estudio Comparativo de las Civilizaciones, la cual, como la mayoría de estas entidades, sostenía reuniones anuales en las cuales los profesores se entretenían unos a otros con sus cantinelas acerca de sus sutiles e indescifrables teorías. Los miembros de ISCSC, o “ISSY” (easy=fácil) como afectivamente se le llamaba, nunca pudieron establecer una definición de la palabra civilización, pero había un acuerdo general que las civilizaciones eran adecuadas y muy dignas de estudios comparativos. De tal manera que al artículo que leí allí en una ocasión, titulado “Una Crítica Primitivista de la Civilización”, no le fue particularmente bien.

Pero mientras la palabra civilización puede ser difícil de definir incluso por expertos, su derivación es lo suficientemente clara; viene del Latín civis, que significa “ciudad”. Las personas civilizadas son constructoras de ciudades. Pero esta es difícilmente una definición completa o incluso útil; ciertamente hay otros factores involucrados, incluyendo la escritura, aritmética, el comercio, y un sistema de clases sociales. Según incluso estos pocos criterios, ha habido cerca de 24 civilizaciones distintas en la historia humana.

Ahora, pienso que todos tenemos un sentido claro de que nuestra civilización particular es cualitativamente diferente de cualquier otra en la historia desde el Chacoan, por ejemplo, o los Mayas, o los Mesopotámicos, o las clásicas Roma y Grecia. La nuestra es la primera (y será la única) civilización que se alimentó con combustibles fósiles. Es una civilización de esteroides, civilización de expresos múltiples, civilización de combustibles para cohetes. Nosotros la sobredimensionamos, y queremos todo hecho para “ayer”. Consecuentemente hemos masticado y escupido los recursos de la Tierra más rápido que cualquier otro grupo humano lo haya hecho.

Por supuesto, las civilizaciones producen artefactos culturales fantásticos: pirámides templos, literatura, música, etc. Quizás porque el imperio del petróleo Americano ha crecido tan rápida y desarraigadamente, sus productos culturales –aunque reconocidamente impresionantes de algunas formas (considere las modernas películas exitosas de Hollywood con sus efectos especiales multimillonarios)– a menudo tienen una calidad efímera, una superficialidad, y un utilitarismo comercial emocionalmente manipulador, que nos hace sentir a muchos de nosotros poco orgullosos.

Nuestros edificios, ropa, utensilios, envases, y herramientas, todos aspectos de nuestro ambiente diseñado, resultan ser creados por máquinas alimentadas con combustible más que por manos humanas. Si los podemos hacer más rápido, si podemos hacer más de ellos de forma más barata con las máquinas, la economía requiere que lo hagamos. Como resultado, hemos llegado a quedar hambrientos de belleza, la belleza de la naturaleza, y la belleza del cuidadoso, hábil e individual trabajo manual, lento, y fruto de una cultura evolutiva que está en sí misma enraizada a un paisaje específico. Tal vez sufrimos inconscientemente de una enfermedad masiva desconocida: un déficit crónico y pernicioso de belleza.

Una cosa interesante que cabe destacar de las civilizaciones es que tienen el molesto hábito de colapsar. Muchas de ellas han llegado a su fin por razones similares, y a menudo el proceso de colapso les sobrevino pocos años después de alcanzar su máxima extensión geográfica, poder militar, y riqueza acumulada. Clive Ponting, en su maravilloso libro “A Green History of the World”, ofrece una explicación familiar: las antiguas sociedades extrajeron su poder de los recursos y destruyeron su hábitat. Cortaron demasiados árboles, agotaron sus suelos fértiles y vaciaron sus pozos.

Joseph Tainter, en “El Colapso de las Sociedades Complejas”, proporciona una historia más sutil. Atribuye el colapso a los retornos decrecientes de inversiones en complejidad. Y define el colapso en sí como una reducción en la complejidad social. Un aplanamiento de la estructura piramidal de clases, una retirada del alcance imperial, una ruptura de relaciones comerciales. Son todos síntomas de una simplificación involuntaria de una sociedad.

Entre paréntesis, debo hacer notar que Tainter, quien ciertamente respeta las culturas indígenas, no está diciendo que las sociedades no-civilizadas no sean complejas en términos de sus rituales y mitos, o en sus entendimientos ecológicos. Él define la complejidad en términos de elementos sociales cuantificables como el número de herramientas distintivas y el sistema de herramientas, o el número de clases sociales y oficios presentes.

Las sociedades se vuelven complejas con el fin de resolver sus problemas. Nosotros adoptamos la agricultura para compensar el déficit calórico consecuencia del sobre exceso de caza de la megafauna durante el Pleistoceno. Usamos el riego de forma que pudiéramos practicar la agricultura en lugares con estaciones secas. Construimos jerarquías sociales para adjudicar concesiones de riego de un solo río a cientos de miles de agricultores individuales, o para almacenar y distribuir el grano de temporadas con cosechas abundantes.

Al comienzo, tales inversiones en complejidad social y tecnológica pudo producir vertiginosos retornos, y las sociedades que los obtenían a menudo crecían rápidamente, tendiendo a dominar a sus vecinos. Así desarrollaban un imperio, y podía durar siglos o incluso milenios.

Pero la estrategia de complejidad social impone costos escondidos que gradualmente se acrecientan. La población que lo sostiene eventualmente se cansa bajo el agobio y la sobrecarga.

Una vez que el punto de retorno energético decreciente se alcanza, casi cualquier cosa puede empujar a una sociedad a la decadencia. El cambio climático y otros desastres medioambientales pueden ser determinantes en tal sentido. Típicamente, las civilizaciones que están cerca del punto de colapso se ven envueltas en guerras por los recursos, y a menudo están infectadas por liderazgos lamentables, incapaces de entender la naturaleza del desafío o de proponer respuestas efectivas.

¿Algo de esto les suena familiar?

Seguramente una civilización cuya base completa descansa sobre la extracción, uso y agotamiento de unos pocos recursos no renovables, es el tipo más vulnerable de civilización que jamás haya existido.

La mayoría de los científicos que conozco que estudiaron estas cosas han llegado a la conclusión que estamos viviendo el final del imperio actual, el primer imperio global verdadero en la historia de nuestra especie. Al decir “final” no estoy diciendo que todo se vendrá abajo mañana o el año que viene. Históricamente, los colapsos usualmente han ocurrido en períodos de décadas o siglos. En nuestro caso los signos de retornos decrecientes, y de sobreexplotación son inequívocos. Y, tan perverso como el comentario pueda parecer, no pienso que el colapso, en esta instancia, necesariamente sea una cosa tan mala.

Como dice Tainter, el colapso realmente significa una vuelta al patrón normal de vida humana, vida en tribus y aldeas, pequeñas comunidades, si asi lo prefieren. El colapso es un proceso de economía (ahorro), en el cual una sociedad regresa a un nivel de complejidad que es capaz de ser sustentado.

Todo esto es muy fácil de entender desde una perspectiva académica ajena. Pero por supuesto nosotros no somos antropólogos de otro planeta, observando los acontecimientos a través de un telescopio; estamos hablando de las circunstancias de nuestras propias vidas!

¿Que haría usted si estuviera viviendo el fin de un imperio? Supongo que una respuesta racional podría ser comer, beber, y casarse. ¿Por qué no? Esto seguramente evitaría preocuparse hasta la muerte por eventos que uno no puede controlar, y de esa manera derrochar cualquier momento de normalidad y oportunidades de felicidad que puedan quedar antes que el fin llegue.

De alguna manera, pienso que ustedes acá tienen otras ideas acerca de qué hacer. Sospecho que si hubieran sido pasajeros del Titanic, no se habrían quedado bebiendo hasta emborracharse en el bar; habrían estado atando sillas, encontrando una manera de aumentar el poder de la señal del radiotransmisor de la nave, o inventar trajes impermeables flotantes que podrían ser refabricados con cuerdas usando equipamiento justificadamente usurpado a los almacenes de la nave.

Probablemente no les puedo decir nada de lo que deberían estar haciendo que ya no lo estén haciendo tan bien como puedan bajo las circunstancias actuales. Todos conocemos las recetas: Cultivar más su propia comida, conservar la energía, hacerse activo en su comunidad local, aprender artes y habilidades útiles, aprovisionarse de herramientas. En esencia: debemos plantar las semillas de lo que puede y debe sobrevivir, para un estilo de vida tan diferente del industrialismo como este mismo lo fue del período medieval; un estilo de vida cuyo florecimiento nosotros mismos tal vez nunca veamos en nuestras breves vidas.

Sin embargo puede ser útil saber que hay otros que tienen los mismos pensamientos, aferrados a los mismos desafíos, y descubriendo estrategias diferentes pero complementarias; y me parece que esta conferencia ha ayudado inconmensurablemente en este respecto. Ahora nos conocemos unos a otros, y sabemos que estamos juntos en esto. También sabemos que hemos pasado algunos eventos sintomáticos recientes y que se aproximan otros muy importantes. Es muy útil comparar nuestras notas.

Tenemos un tiempo cada vez más corto para construir botes salvavidas, esto es, la infraestructura alternativa necesaria. Ha sido claro desde los últimos 30 años cuales características debería tener: orgánica, de pequeña escala, local, sociable, cooperativa, de ritmo lento, orientada a lo humano más que orientada a las máquinas, agraria, diversa, democrática, culturalmente rica, y ecológicamente sustentable. Hace tiempo ya nos dimos cuenta de que nuestro status quo (una sociedad que esta orientada hacia las máquinas, competitiva, poco equitativa, apurada, globalizada, monocultural, dominada por corporaciones) es insensibilizadora para el espíritu humano y ecológicamente insostenible.

Sostenible… No sostenible… ¿Qué es lo que realmente significan estas palabras?

Tal vez el Cenit del Petróleo por fin nos provee la palabra sostenibilidad mostrándonos los dientes. Las personas ahora hablan de “desarrollo sostenibleble”, “crecimiento sustentable” y “retornos sustentables en las inversiones”. Eso, amigos míos, es sostenibilidad dietética. La palabra ha sido corrompida, diluida y desnaturalizada casi sin reconocimiento.

Un entendimiento del Pico del Petróleo nos da una mínima definición de la palabra: ¿podemos hacer esto, cualquier cosa que sea que estemos hablando, sin combustibles fósiles? Si podemos, entonces podría ser una actividad o un proceso sustentable. No hay garantía: hay un montón de actividades humanas que no involucran a los combustibles fósiles y que no son sustentables, como la caza indiscriminada de ballenas con barcos a vela, o agricultura de irrigación intensiva en suelos que no están propiamente drenados.

Pero si no pueden hacer algo sin combustibles fósiles, por definición, no es sustentable.

Lo que estamos diciendo es que una transición a un nivel mas bajo de complejidad socio-tecnológica no debe ser violento, ni caótico, y no debería conllevar a la perdida de los valores y logros culturales de los cuales estamos muy orgullosos como sociedad. Y el resultado final podría ser mucho mas humano, agradable, y satisfactorio que lo que la vida actual es para los ciudadanos de este grandioso imperio.

Aún cuando esta conferencia está espectacularmente bien concurrida desde el punto de vista de las expectativas de los organizadores, somos comparativamente pocos. Y el mensaje que estamos comunicando no esta siendo escuchado por la mayoría de nuestros conciudadanos. Probablemente es optimista pensar que será entendido por más de un uno o dos o tres por ciento de la población. Sin embargo, si esta semilla de toda la ciudadanía realmente lo consigue, podríamos tener una oportunidad. Todos sabemos de lo que son capaces las semillas…

Se me viene a la memoria el Movimiento Rural Populista del siglo XIX, que alteró el paisaje político de América y estuvo a punto de desviar a los Estados Unidos fuera del destino imperialista y corporativo hacia el ideal agrario de Jefferson. Los Populistas esparcieron su palabra, comenzando en la Texas rural, a casi todos los condados en el Sur, Este, Oeste y Medioeste. ¿Cuál era su método? Ellos entrenaron a 40.000 conferencistas públicos. Luego, en los salones de las granjas, en las ferias de condados, ellos cuidadosamente educaron a sus conciudadanos acerca de las instituciones bancarias, los créditos, y el sistema monetario, y acerca de como las comunidades locales podían nuevamente hacerse cargo de sus propias economías.

La elección presidencial de 1898 demostró la cancelación del movimiento: los Populistas decidieron apostar por los granjeros en las políticas electorales y eligieron a William Jennings Bryan, quien fue derrotado por el archi-imperialista William McKinley, el cual murió a manos de un asesino anarquista. Nosotros también acabamos de tener una elección. Y, a menos que hubiera sido disputada, probablemente habría marcado el inequívoco fin de la República, y de la democracia electoral en este país. Pero así como se sabe, por supuesto que estamos viviendo en un imperio, y vemos claros signos de que el imperio se esta acercando a su destino final.

Amigos míos, es tiempo para ser optimistas. Es un buen tiempo para querernos unos a otros y aceptar a los jóvenes y fortificarlos con nuestras experiencias y visiones, y para confiar en sus habilidades para encontrar sus propias respuestas apropiadas a los eventos que vienen por delante.

Habrá una cultura humana sustentable en este planeta dentro de un siglo. De hecho, es el único tipo de culturas que habrá. Y pienso que razonablemente podemos esperar que al menos alguna de esas culturas será capaz de rastrear sus antepasados hasta los aparentemente marginados hippies, activistas, individuos relacionados con la energía, permaculturistas, comunitaristas, granjeros orgánicos, proyectistas de eco-ciudades, y ciudadanos atípicos que empezaron a educar a sus vecinos acerca del Pico del Petróleo tempranamente en este siglo.

Ya hemos hecho algún buen trabajo, pero tenemos mucho más por hacer. Tal vez ahora tenemos una mejor comprensión en la dirección en la cual nuestro trabajo debería continuar, y de su crucial importancia para la supervivencia de nuestras especies.

Podríamos ocuparnos nosotros mismos con confianza renovada, compromiso, y buen humor. Podemos crear belleza y vivir en la belleza. Podemos vivir en alegría, sabiendo que de nuestros esfuerzos brotaran raíces, troncos, ramas, hojas, flores y frutas. Podemos vivir en comunidad, mientras compartimos nuestras vidas y visiones, talentos y recursos, preocupaciones y necesidades, y aprender a apoyarnos unos a otros y trabajar juntos.

Es un momento temible para estar vivo, pero también es un tiempo maravilloso para estar vivo. Es bueno saber que hay tanta inteligencia y compasión acumulada entre nosotros. Ha sido una conferencia fabulosa con extraordinarias presentaciones y presentadores, y más aún participantes asombrosos. Nos vamos de acá con regalos de conocimiento, ánimo, perspectiva, y pasión. Muchas gracias.

Texto original en inglés


Richard HeinbergAcerca del autor: Richard Heinberg es también autor del libro “Powerdown: Options and Actions for a Post-Carbon World” (New Society, 2004). Es periodista, editor, escritor y profesor, miembro del New College de Santa Rosa, California, donde dicta cursos sobre los temas interrelacionados de energía, sociedad, cultura y ecología. Desde hace años es una de las personas más activas y reconocidas en el mundo, en la tarea de advertir sobre el gran cambio que estamos por vivir en nuestra civilización.
Su sitio web: http://www.richardheinberg.com


Un comentario el “El otro lado del abismo

  1. regranulat.pl
    noviembre 24, 2012

    This is very interesting, You are a very skilled blogger. I have joined your rss feed and look forward to seeking more of your magnificent post. Also, I’ve shared your site in my social networks!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Aranjuez 2021

Guía de la Comunidad de Semillas de Aranjuez (CSA)

Aranjuez 2021

Aranjuez en Transición 1.0: + de 100 post

Aranjuez 2021

Una infancia en Aranjuez allá por 1970

Aranjuez 2021

Aranjuez: descubriendo los límites biosféricos

Aranjuez 2021

Decrecimiento energético, crecimiento local (Un "fresco cuadro global", una visión local de Aranjuez) (Descarga libre)

Climate After Growth report

Despues del crecimiento infinito .... el cambio climático

2052: A global forecast for the next forty years

(Resumen documento – PDF 1,89 MB – ING)

Growing a Resilient City

(PDF - 958 kb - ING)

World Energy Outlook 2014

(PDF - 1,4MB ESP)

Enter your email address to follow this blog and receive notifications of new posts by email.

Únete a otros 190 seguidores

Visitantes del blog

  • 412,145 visitas

Licencia bajo

Licencia de Creative Commons
Centro de Resiliencia de Aranjuez (CSA) by CSA is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 3.0 Unported License.
Creado a partir de la obra en https://csaranjuez.wordpress.com/.
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://csaranjuez.wordpress.com/contactos/.
A %d blogueros les gusta esto: